La jerarquización del "Marxismo Cultural”

Una de las cosas de las que llevo un tiempo dándome cuenta, es en que el rosario de ideologías que suelen englobarse en el llamado marxismo cultural no es una colusión de las mismas, de forma que sean realmente complementarias y que, a fin de cuentas, formen un cuerpo intelectual agregado sólido, (es profundamente contradictorio blanquear el Islam y defender el feminazismo*, p.e.) si no que, en realidad, existe una jerarquización ideológica sutil pero implacable que, curiosamente, establece casi imperceptibles preferencias entre ellas en aquellas zonas en las que sus intereses se contraponen o solapan.

             A fin de cuentas, casi todas ellas son, según definición de Dña. Almudena Negro, Bio Ideologías, y es interesante profundizar en los conflictos que aparecen entre ellas, y cómo algunas surgen victoriosas sobre otras, no en vano, por mera competitividad evolutiva, algunas habrán de prevalecer sobre otras.

             Obviamente, estas zonas de conflicto no aparecen en el debate político habitual en los medios, y mucho menos en los medios y canales de opinión y debate de la izquierda. Como siempre, los trapos sucios se lavan en casa, y la hermandad entre las mismas no se quiebra por ellos, es más importante acabar primero con la libertad y luego, como siempre, ya iremos viendo quién sobrevive a la purga.

             La estrategia no es mala, a fin de cuentas, se aglutina a personas de orientaciones políticas y personales no sólo distintas, sino radicalmente distintas, bajo una misma bandera, o, más bien, un abanico de banderas que se ondean sin asomo de rubor en las mismas manifestaciones y protestas.

             Pero entremos en materia, ¿se imaginan qué pasa cuando los defensores de la pluralidad religiosa se enfrentan a la evidente conflicto entre Islam y derechos de la mujer? ¿o cuando un animal de compañía sufre maltrato psicológico al ser tratado como un bebé humano? ¿o qué ocurre cuando miles de corderos son degollados al final del Ramadán? ¿o cuando un varón homosexual decide que tiene derecho a utilizar los aseos de mujeres aún cuando haya nilñas pequeñas utilizándolo? a fin de cuentas, ¿qué mayor incoherencia que defender el socialismo y el nacionalismo? pero no como el cuerpo relativamente reconocible de los nacionalsocialismos tradicionales, no, sino que, hoy día, desde posiciones que se autodenominan orgullosamente comunistas claman sin problema por la realización de referendums de autodeterminación.

             Luego, a la hora de la verdad, es curioso, pero nadie se imagina a los medios denunciando el maltrato que sufren los corderos al final del Ramadán, no aparecen animalistas denunciando la barbarie ni encadenándose a los polideportivos que los Ayuntamientos ceden a las Comunidades Musulmanas para la celebración de ese rito. Sin embargo, las manifestaciones antitaurinas, que sin exagerar pueden clasificarse como histéricas, saltan a los medios furibundamente, pero no porque los medios discriminen (o no solo) sino porque, realmente, parece existir una secreta consigna al respecto.

             Igualmente, a nadie le escandaliza constatar que cientos de agresiones sexuales, por parte de inmigrantes, refugiados o no, musulmanes, son sistemáticamente ignoradas no solo por los medios, sino por todas las terminales feminazis actualmente activas. De nuevo, una secreta consigna, universalmente aceptada, recorre la espina dorsal de toda la progresía europea, estableciendo qué y qué no es lo realmente denunciable.

             ¿Y qué decir de la prevalencia del Islam sobre el LGTBísmo? nadie se escandaliza ya, en Europa, de los crímenes de odio sexual cometidos por esos colectivos ante esa otra bandera, en este caso, multicolor. Pero, ¿y ante el conflicto de los intereses del colectivo LGTB con el feminazismo? a
partir de este punto, les animo a que Uds. mismos hagan el ejercicio de intentar establecer la consigna. ¿la violencia de género incluye a LGTB’s? ¿no? ¿un varón, aunque homosexual, gana el favor del feminazismo? curioso, ¿verdad?

             ¿Y si el conflicto aparece, como digo, entre animalistas y LGTB’s? ¿puede haber zonas de conflicto? Echémosle un poco de (sucia) imaginación e imaginemos el caso de aquel zoofílico alemán que explicitó en las redes sus costumbres copulativas con su pastora alemana. La reacción del feminazismo fué furibunda, está claro, el propio interesado se defendía diciendo que las “feministas” usualmente utilizan a las mascotas como sustitutivas de la maternidad, y aunque su “pareja” no sufría, técnicamente, maltrato, ya que como animal social establecía a su bípedo compañero como macho dominante y, a fin de cuentas, no pasaba nada que fuese biológicamente malo, sin embargo la práctica era contemplada por las mismas como un acto de pederastia. y aquí es cuando el animalismo, en muchos aspectos, se puede considerar como una derivada del feminazismo, ya que su génesis es, primordialmente, fruto de la proyección de la maternidad, (no sin su dósis de componente autodestructiva) en una mascota.

             Resumiendo, en el consenso socialdemócrata la defensa del Islam es más importante que el feminazismo, éste, que el animalismo y, equivalentemente, este último con el LGTBismo. Así, en caso de conflicto ideológico, prevalece el jerárquicamente superior. Una mujer musulmana lo tiene crudo, un homosexual sigue siendo varón heteropatriarcal, una mujer puede tratar a un caniche como a un bebé humano, aunque sea profundamente dañino para éste, etc.

             Pero, y ahora viene la pregunta realmente interesante, ¿cual puede ser la causa de esta jerarquización? ¿qué algoritmo úlimo se sigue? ¿es fruto de una conspiración de illuminatis? ¿o son los judíos que controlan los medios de comunicación? ¿es, quizá, fruto de algún tipo de orden expontáneo? conspiranoias aparte, haberla, hayla.

             Al final, yo personalmente me quedo con Rand, que establece claramente cómo los grupos realmente productivos son malignificados para poder ser posteriormente legítimamente explotados.

             Una sociedad industrializada otorga una mayor remuneración al trabajo masculino, (bueno, a ambos sexos, pero un poco más al masculino) a mayor riqueza, mayor maldad. Este colectivismo sigue la regla a rajatabla. Por la jerarquía anteriormente citada (Los Gays tienen más poder adquisitivo que los veganos, éstos que las mujeres, éstas que los musulmanes). Oye, es una teoría. Y sí, es interesante ver cómo se asigna esa jerarquía social basada en un orden inversamente proporcional con la capacidad de generar riqueza, de manera expontánea, automática, intuitiva y sincronizada. (Signo de que eso también está en nuestra genética – pero eso es ya, obviamente, otra historia).



             * Voy a denominar feminazismo a lo que actualmente se designa como feminismo. Mas que nada, porque me parece indecente otorgar a las feminazis actuales el disfrute del término, y concederles que, siquiera, se intenten asimilar a las feministas liberales originales. El feminismo, como el dadaismo, es un fenómeno social histórico pasado, y me duele corromper el término trayéndolo al presente.


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