¿Cuánto vale un piso?
¿Se han preguntado
alguna vez cuánto vale un piso?
No me refiero obviamente al valor de mercado, a cuanto cuesta un piso. Para obtener esa información es tan sencillo como consultarla en El Idealista, por ejemplo.
Porque efectivamente, hay mucha diferencia. Estoy seguro de que muchos lectores estarán trabajando en sectores productivos, y a poco conocimiento que tengan del mercado libre, ya sabrán que, en un mercado competitivo, hoy en día te das con un canto en los dientes si el Beneficio Industrial lo colocas en un 6%. Y todos conocerán ese periodo poscrisis en el que el “beneficio” era negativo, esto es, en que el empresario tiraba de recursos para mantener la fábrica abierta, simplemente porque la demanda había caído tanto que no absorbía la oferta y la producción se almacenaba en los estantes. Y que para vaciarlos los precios bajaban por debajo del coste de producción. Mejor vender algo barato que vender caro nada.
No me refiero obviamente al valor de mercado, a cuanto cuesta un piso. Para obtener esa información es tan sencillo como consultarla en El Idealista, por ejemplo.
No. Me refiero a
cuánto vale un piso. Cuanto cuesta hacerlo, referido al valor del
suelo, mas el de construcción, mas la Obra Civil asociada, mas un
sano 12% de Beneficio Industrial (no le quitemos el lucro a una
actividad productiva, no es un coste en sí mismo pero sin él no se
produce todo lo demás) mas impuestos, mas proyectos y licencias, mas
burocracia.
Pues bueno, sobre el
papel, y si al suelo le otorgamos como mucho el coste que tiene el de
un cultivo de secano, si quitamos la política de la ecuación,
resulta que una vivienda unifamiliar, estándar, normalita, acabada
llaves en mano, sin amueblar eso sí, cuesta unos 130.000 € de
media. Un chalete.
Pero el título del
artículo se refiere a un piso. ¿Cuánto vale un piso? Pues un piso
normal, estándar, de unos 90 m², en un bloque entre medianeras
común, de unas seis alturas, vamos, un piso medio, apenas llega a
los 60.000 € en total. Menos de la mitad que un unifamiliar.
Resulta curioso,
entonces, comprobar que el precio medio de la vivienda en España el
pasado 2.019 fue de 241.145,00 €. ¿Nos tomamos la píldora roja?
Porque efectivamente, hay mucha diferencia. Estoy seguro de que muchos lectores estarán trabajando en sectores productivos, y a poco conocimiento que tengan del mercado libre, ya sabrán que, en un mercado competitivo, hoy en día te das con un canto en los dientes si el Beneficio Industrial lo colocas en un 6%. Y todos conocerán ese periodo poscrisis en el que el “beneficio” era negativo, esto es, en que el empresario tiraba de recursos para mantener la fábrica abierta, simplemente porque la demanda había caído tanto que no absorbía la oferta y la producción se almacenaba en los estantes. Y que para vaciarlos los precios bajaban por debajo del coste de producción. Mejor vender algo barato que vender caro nada.
Pues que no se
asombre el lector si le digo que, la vivienda, hoy en día, sigue
amontonada en los estantes. Todos conocemos promociones, los llamados
pisos (o casas) “de banco”. Bloques o urbanizaciones “fantasmas”
cerrados, aguardando.
Y, sin embargo, los
precios siguen duplicando el coste. Tócate las narices.
Si siguiésemos la
lógica de mercado, el precio de la vivienda debería haber caído
muy por debajo del coste, los alquileres serían a pérdida y la
gente apenas dedicaría una fracción de su salario en pagar por su
morada.
Como en la película
de “Good Bye Lenin” en la que los protagonistas para
buscar un hogar sólo tenían que abrir una puerta, por la masiva
emigración a la Alemania del Oeste tras la caída del muro, los
españoles deberíamos estar pasando un periodo histórico en el que
la primera y la segunda vivienda apenas mellase nuestra economía.
¿Se imaginan el
aumento de competitividad de las empresas si los trabajadores, a
igual salario, dispusieran de casi el triple de renta? ¿se imaginan
el cambio en la edad de emancipación, en la natalidad, en la calidad
de vida, en la formación y la reindustrialización?
Y sin embargo, no
sólo el precio de la vivienda no se ha desplomado, sino que sigue
muy por encima del precio de coste mas su sano Beneficio Industrial.
Y no es difícil darse cuenta de porqué. Esos bloques fantasma, esas
Urbanizaciones abandonadas, están cerradas y fuera del mercado. Que
los bancos las mantengan así puede tener cierta lógica, mantienen
el activo en el haber sin querer asumir la pérdida. Llevan
haciéndolo ya AÑOS.
Pero ¿y el SAREB?
¿Y los Ayuntamientos? ¿porqué no revientan de una vez el mercado?
¿Porqué el Estado está contribuyendo a mantener, no los precios,
sino los sobreprecios?
¿Se han parado a
pensar que, con vivienda barata, los sectores productivos españoles
avasallarían a sus competidores europeos, por ejemplo? ¿Se da
alguien cuenta de que, mantener el sobreprecio, en el fondo no es
sino una transferencia de riqueza de todos los sectores al bancario?
Y la triste
conclusión de todo esto es que NO INTERESA. No interesa a los
tenedores de un piso, que no quieren que sus viviendas carezcan de
valor. No interesa a los bancos, obviamente, el rey va desnudo. No
interesa al Estado, prueba evidente que no vela por la nación, ni
esperen que lo haga.
Si algo de bueno
podía haber tenido el estallido de la burbuja, es que las lágrimas
de una generación habrían servido para acabar con las dinámicas de
control en régimen de monopolio del suelo por parte de caciques
locales, para sacar sus sucias manos de nuestros ediles. Pero no.
Nchts.
Nchts.
