El mercado del agua
Somos en un 80% agua.
La privación de agua es mortal en pocos días.
El agua es más que un bien de primera necesidad, forma parte de nuestro ser. No se puede negar a nadie el acceso al agua potable. Ahora bien, como recurso natural limitado que es, se hacen imprescindibles una serie de normas para garantizar efectivamente ese derecho.
Mas opiniones sobre el trasvase
Además de un bien de consumo humano de primera necesidad, el agua interviene en infinidad de procesos también primarios igualmente vitales para el hombre: es necesaria, junto con el suelo, aire y luz solar, para generar alimento, y es esencial para la fabricación, en mayor o menor medida, de prácticamente la totalidad de los bienes de los que los humanos nos servimos primero para sobrevivir y luego para vivir.
Primero establezcamos el parámetro que da lugar al derecho; en principio establezcamos éste en las cuencas hidrológicas. Territorialmente el acceso a agua también lo fijan la existencia de costas y la propia humedad ambiente, si bien en estos dos últimos casos el uso del agua afecta al entorno territorial de una manera menos definida pero que también hay que considerar.
Creemos un mercado del agua. Obviamente hay una serie de volúmenes de agua que no entrarían en el mercado, como son los caudales ecológicos (de cuenca y de mar de destino) y el consumo estrictamente humano. Pero el resto debería estar sometido a mercado. La razón es muy simple: no existe en el mundo un mecanismo que optimice el uso de un bien mejor que un mercado. Por supuesto, hay una serie de consideraciones y normas a seguir. De hecho, más valdría sujetar incluso el consumo humano al precio del litro de agua en ese mercado y posteriormente, si así se desease, subvencionarlo. Quizá un debate posterior incluso descartase esa subvención, pero no voy a llegar tan lejos ahora.
No tiene sentido que mi vecino que vive soltero y solo, con su piscina y su jardín pague la misma factura que yo con cuatro personas en un piso de 120 m² en un edificio de siete alturas, porque hemos consumido el mismo volumen de agua en verano. Si desglosamos el agua que ha sido consumida por humanos de la utilizada en actividades lúdicas (un jardín, una piscina los son), vemos que, lo que actualmente es considerado consumo gratuito no lo ha sido justificadamente en su totalidad. Incluso se podría indexar el precio de ese agua sujeta a mercado al volumen almacenado en los pantanos de la cuenca de referencia. Que no valiera lo mismo un litro de agua en Abril que en Agosto. En ese mercado se podría invertir, comprando volúmenes de agua a futuro. El hectómetro consumido en hacer coches en Figueruelas mandaría sobre el dedicado a las naranjas de levante, amortización de trasvase aparte. Cuestión de rentabilidad. La optimización del recurso sería máxima.
Lo primero es establecer la unidad de mercado. En principio esta debería ser la cuenca hidrológica, ya que establece unos límites territoriales definidos que permiten ajustar el derecho. El agua consumida en ella debería ser pagada en un mercado a los propietarios de terreno de su escorrentía. Por hectárea. Prorrateando al alza, porque se podría hacer, la pluviometría que hubiesen soportado, o la masa vegetal que contuvieran. Fuesen municipios o terratenientes. Es una hoja de cálculo que combina planos de catastro y del Ministerio de Medio ambiente y datos del Instituto Nacional de Meteorología y el de Medio Ambiente.
Lo segundo, respecto de la gratuidad del consumo humano, y según la actual legislación de nuestro país, España, hay que matizar una serie de cosas:
Primeramente es necesario establecer el volumen de agua al que una persona tiene derecho a disfrutar. Estadísticamente, el consumo por persona no es el mismo dependiendo de su edad o de la zona que habite, generalmente las regiones de mayor pluviometría hacen que sus ciudadanos tengan consumos más elevados, aunque el consumo estrictamente personal no tiene tantas variaciones. El volumen personal humano (VPH) será una cantidad variable según cuenca pero que nunca bajara de unos parámetros racionales de agua de boca y aseo personal. Lógicamente, plantas, jardines, mascotas, etc. quedan fuera de esta cifra.
En segundo lugar, hay que hacer notar que actualmente, el agua no es realmente gratuita para las personas, sino para las viviendas. Es un contador de consumo humano el que garantiza la gratuidad, al margen de cuanta gente viva en esa casa o el gasto por persona que tenga.
Por ello, aparejado al uso de un contador, debería ir una identificación del número de ciudadanos que van a hacer uso del agua que de éste emane. Una persona podría estar adscrita a varios contadores, pero entonces su VPH se dividiría proporcionalmente, ya fuese en razón de los días que hiciese uso de cada uno, o cualquier otro criterio que la propia persona decidiese.
Las empresas y entidades públicas podrán reclamar un porcentaje del VPH de cada individuo para el consumo efectuado por éstos en su lugar de trabajo. Una sencilla relación informática Censo-Catastro.
El agua utilizada por bares, hoteles y actividades turísticas y de restauración, aunque doten efectivamente de agua para consumo humano, deben ser tratadas como agua sujeta a mercado, excepto la relativa a sus trabajadores; o sea un contrato de suministro y un contador distinto.
Una pequeña parte del VPH de cada ciudadano (en torno al 2,57% - pero según cuencas) será cedido a los municipios para abastecer a fuentes y aseos públicos. En caso de que dichas infraestructuras no se encuentren, los municipios podrán ceder esta cuota a locales públicos de la zona para que aumenten el VPH de sus contadores y puedan dar dicho servicio. estoy sofisticando algo que ni siquiera existe, lo sé, simplemente elucubro.
Gracias a la actual tecnología, el manejo de la base de datos de ciudadanos y su VPH, sería relativamente sencillo, por lo que el resto del agua consumida en la vivienda, aquel volumen que, en cada contador, excediera la suma de los VPH en él censados, sería facturado a precio de mercado. O se podrían establecer contadores diferenciados, de manera que el VPH efectivamente consumido fuese la suma de los distintos contadores censados.
Quedaría a criterio de las compañías suministradoras de agua, facturar el coste de transporte del bien como gratuito o repercutirlo en el precio del agua sujeta a mercado, o utilizar cualesquiera estrategias de mercado que garanticen una mejor calidad de servicio al destinatario y mejoren su beneficio, pues este es legítimo, como por ejemplo crear redes secundarias de agua no potable, y por tanto, más barata, para su uso en inodoros o jardines, y que dejen un mayor margen de VPH para el usuario. Eso ya es márketing y optimización del recurso y mi imaginación es limitada aquí.
Los usuarios podrían cambiar de entidad suministradora libremente.
En el caso de entidades públicas, las obras hidráulicas inherentes a cada administración deberán ser sufragadas únicamente con impuestos de los habitantes de la propia administración.
Lo tercero, es ser conscientes de lo que un mercado del agua supone para la actividad humana. El coste del litro de agua definirá cuanta industria y el tipo de la misma que ese agua restante sería capaz de generar en cada cuenca, determinando, además, cuanta gente vive en la misma.
En teoría, se llegaría al equilibrio entre el tipo de industria, sea esta agraria o industrial, al introducir el agua como un coste efectivo de materia prima, que es lo que es. Un aumento de actividad humana propiciaría menor caudal sujeto a mercado libre, toda vez que los caudales ecológicos serían intocables, lo que provocaría alza de precios y cambio en el tipo de aprovechamiento del agua o eventualmente pérdida de actividad que repercutiría mermando la población. El resultado inherente al mercado libre es la sostenibilidad. Por ello mismo, el trasvase de agua para uso humano a otras zonas no sujetas a este mercado es, sencillamente, aberrante. El mercado podría abarcar más de una cuenca pero tendría que ser en igualdad de condiciones, debiéndose pagar por parte de los interesados las infraestructuras de un hipotético trasvase.
Desde luego, un apartado especial lo marcan las relaciones entre cuencas. Actualmente, las políticas trasvasísticas no tienen en cuenta un valor para el agua, ya hemos establecido que el modelo que vehicula actualmente esa regla de gratuidad del agua es perverso. Porque el agua ahora no es realmente gratuita para las personas, sino para las viviendas. Es un contador de consumo humano el que garantiza la gratuidad, al margen de cuanta gente viva en esa casa o el gasto por persona que tenga, y embarcando en la misma consideración el agua de boca y la del resort hotelero.
Es por eso que tenemos un grave problema con el trasvase. Esas obras hidráulicas las paga el estado y no los que van a sacar beneficio de ellas, siendo entonces ésta una forma indirecta de subvención a determinados sectores de determinadas regiones, los que, como además ya se están imponiendo políticas nacionalistas de apropiación de los impuestos de vender los productos, así subvencionados, en toda España, no producirán un retorno a la nación de impuesto cotizado por alguien ajeno territorialmente a la cuenca.
Si para los agentes productores de bienes que usan el agua como materia prima, no resultase rentable asumir el coste de las infraestructuras que les proporcionasen ésta, la asunción por parte de la administración de ese coste no es mas que una subvención directa pura y dura. Nos costaría menos sufragarles directamente esa riqueza y liberar el recurso para que otros generasen un valor, que sí fuese rentable, con ella.
Como no existe una relación entre valor y precio del agua, como la vivienda, la construcción, pueden gozar de agua gratuita, como en definitiva no se puede negociar con algo que no es de todos ni nadie, es cuando podemos ver cómo poderes locales pugnan por depredar lo común. Ahí está la verdadera injusticia.
En quinto lugar una consideración sobre el caudal ecológico; y es que no sólo tendría que tener en cuenta un volumen de agua mínimo para los recursos ecológicos de una cuenca (parques naturales, albuferas, deltas etc.) sino también el mar de destino.
Por ello, a futuro, este mercado del agua habría que extenderlo, por ejemplo, a todas las poblaciones ribereñas del Mediterráneo, y gestionar la cuota de agua dulce que cada nación tiene derecho a desalar o de caudales de río a retener. Porque a base de desaladoras el norte de África podría ser un vergel, a costa de que el Mediterráneo quedara como el Mar Muerto. Y me refiero al Mediterráneo pero habría que sectorizar ecológicamente en adriático, Éfeso etc., y esto es válido también para Cantábrico, Golfo de México, etc.
En ese mercado panmediterráneo del agua es donde la reforestación tendrá sentido como una obra hidráulica más. Por ello incluyo la masa vegetal como un factor positivo para la distribución del capital conseguido por la venta del agua. Es por ello, que es el capitalismo, el mercado, el camino que realmente lleva a conservar el medio y a traer calidad de vida. El socialismo nos lleva al Mar de Aral.
El Mediterráneo se salobriza igual por un trasvase que por una desaladora. Da igual que le llegue menos agua dulce que que se desale agua de mar. En cuanto se crea la demanda, el Mediterráneo sufre las consecuencias igual. En un caso la salobrización es puntual (zona marítima del emisario) y en el otro se pierde caudal en el delta que es un ecosistema más rico y sensible. Hoy día sólo los necios tienen ahí el debate.
El agua es un bien. Los bienes los hombres los utilizamos para generar riqueza. La mejor herramienta para ello, como siempre, es el mercado.
La privación de agua es mortal en pocos días.
El agua es más que un bien de primera necesidad, forma parte de nuestro ser. No se puede negar a nadie el acceso al agua potable. Ahora bien, como recurso natural limitado que es, se hacen imprescindibles una serie de normas para garantizar efectivamente ese derecho.
Mas opiniones sobre el trasvase
Además de un bien de consumo humano de primera necesidad, el agua interviene en infinidad de procesos también primarios igualmente vitales para el hombre: es necesaria, junto con el suelo, aire y luz solar, para generar alimento, y es esencial para la fabricación, en mayor o menor medida, de prácticamente la totalidad de los bienes de los que los humanos nos servimos primero para sobrevivir y luego para vivir.
Primero establezcamos el parámetro que da lugar al derecho; en principio establezcamos éste en las cuencas hidrológicas. Territorialmente el acceso a agua también lo fijan la existencia de costas y la propia humedad ambiente, si bien en estos dos últimos casos el uso del agua afecta al entorno territorial de una manera menos definida pero que también hay que considerar.
Creemos un mercado del agua. Obviamente hay una serie de volúmenes de agua que no entrarían en el mercado, como son los caudales ecológicos (de cuenca y de mar de destino) y el consumo estrictamente humano. Pero el resto debería estar sometido a mercado. La razón es muy simple: no existe en el mundo un mecanismo que optimice el uso de un bien mejor que un mercado. Por supuesto, hay una serie de consideraciones y normas a seguir. De hecho, más valdría sujetar incluso el consumo humano al precio del litro de agua en ese mercado y posteriormente, si así se desease, subvencionarlo. Quizá un debate posterior incluso descartase esa subvención, pero no voy a llegar tan lejos ahora.
No tiene sentido que mi vecino que vive soltero y solo, con su piscina y su jardín pague la misma factura que yo con cuatro personas en un piso de 120 m² en un edificio de siete alturas, porque hemos consumido el mismo volumen de agua en verano. Si desglosamos el agua que ha sido consumida por humanos de la utilizada en actividades lúdicas (un jardín, una piscina los son), vemos que, lo que actualmente es considerado consumo gratuito no lo ha sido justificadamente en su totalidad. Incluso se podría indexar el precio de ese agua sujeta a mercado al volumen almacenado en los pantanos de la cuenca de referencia. Que no valiera lo mismo un litro de agua en Abril que en Agosto. En ese mercado se podría invertir, comprando volúmenes de agua a futuro. El hectómetro consumido en hacer coches en Figueruelas mandaría sobre el dedicado a las naranjas de levante, amortización de trasvase aparte. Cuestión de rentabilidad. La optimización del recurso sería máxima.
Lo primero es establecer la unidad de mercado. En principio esta debería ser la cuenca hidrológica, ya que establece unos límites territoriales definidos que permiten ajustar el derecho. El agua consumida en ella debería ser pagada en un mercado a los propietarios de terreno de su escorrentía. Por hectárea. Prorrateando al alza, porque se podría hacer, la pluviometría que hubiesen soportado, o la masa vegetal que contuvieran. Fuesen municipios o terratenientes. Es una hoja de cálculo que combina planos de catastro y del Ministerio de Medio ambiente y datos del Instituto Nacional de Meteorología y el de Medio Ambiente.
Lo segundo, respecto de la gratuidad del consumo humano, y según la actual legislación de nuestro país, España, hay que matizar una serie de cosas:
Primeramente es necesario establecer el volumen de agua al que una persona tiene derecho a disfrutar. Estadísticamente, el consumo por persona no es el mismo dependiendo de su edad o de la zona que habite, generalmente las regiones de mayor pluviometría hacen que sus ciudadanos tengan consumos más elevados, aunque el consumo estrictamente personal no tiene tantas variaciones. El volumen personal humano (VPH) será una cantidad variable según cuenca pero que nunca bajara de unos parámetros racionales de agua de boca y aseo personal. Lógicamente, plantas, jardines, mascotas, etc. quedan fuera de esta cifra.
En segundo lugar, hay que hacer notar que actualmente, el agua no es realmente gratuita para las personas, sino para las viviendas. Es un contador de consumo humano el que garantiza la gratuidad, al margen de cuanta gente viva en esa casa o el gasto por persona que tenga.
Por ello, aparejado al uso de un contador, debería ir una identificación del número de ciudadanos que van a hacer uso del agua que de éste emane. Una persona podría estar adscrita a varios contadores, pero entonces su VPH se dividiría proporcionalmente, ya fuese en razón de los días que hiciese uso de cada uno, o cualquier otro criterio que la propia persona decidiese.
Las empresas y entidades públicas podrán reclamar un porcentaje del VPH de cada individuo para el consumo efectuado por éstos en su lugar de trabajo. Una sencilla relación informática Censo-Catastro.
El agua utilizada por bares, hoteles y actividades turísticas y de restauración, aunque doten efectivamente de agua para consumo humano, deben ser tratadas como agua sujeta a mercado, excepto la relativa a sus trabajadores; o sea un contrato de suministro y un contador distinto.
Una pequeña parte del VPH de cada ciudadano (en torno al 2,57% - pero según cuencas) será cedido a los municipios para abastecer a fuentes y aseos públicos. En caso de que dichas infraestructuras no se encuentren, los municipios podrán ceder esta cuota a locales públicos de la zona para que aumenten el VPH de sus contadores y puedan dar dicho servicio. estoy sofisticando algo que ni siquiera existe, lo sé, simplemente elucubro.
Gracias a la actual tecnología, el manejo de la base de datos de ciudadanos y su VPH, sería relativamente sencillo, por lo que el resto del agua consumida en la vivienda, aquel volumen que, en cada contador, excediera la suma de los VPH en él censados, sería facturado a precio de mercado. O se podrían establecer contadores diferenciados, de manera que el VPH efectivamente consumido fuese la suma de los distintos contadores censados.
Quedaría a criterio de las compañías suministradoras de agua, facturar el coste de transporte del bien como gratuito o repercutirlo en el precio del agua sujeta a mercado, o utilizar cualesquiera estrategias de mercado que garanticen una mejor calidad de servicio al destinatario y mejoren su beneficio, pues este es legítimo, como por ejemplo crear redes secundarias de agua no potable, y por tanto, más barata, para su uso en inodoros o jardines, y que dejen un mayor margen de VPH para el usuario. Eso ya es márketing y optimización del recurso y mi imaginación es limitada aquí.
Los usuarios podrían cambiar de entidad suministradora libremente.
En el caso de entidades públicas, las obras hidráulicas inherentes a cada administración deberán ser sufragadas únicamente con impuestos de los habitantes de la propia administración.
Lo tercero, es ser conscientes de lo que un mercado del agua supone para la actividad humana. El coste del litro de agua definirá cuanta industria y el tipo de la misma que ese agua restante sería capaz de generar en cada cuenca, determinando, además, cuanta gente vive en la misma.
En teoría, se llegaría al equilibrio entre el tipo de industria, sea esta agraria o industrial, al introducir el agua como un coste efectivo de materia prima, que es lo que es. Un aumento de actividad humana propiciaría menor caudal sujeto a mercado libre, toda vez que los caudales ecológicos serían intocables, lo que provocaría alza de precios y cambio en el tipo de aprovechamiento del agua o eventualmente pérdida de actividad que repercutiría mermando la población. El resultado inherente al mercado libre es la sostenibilidad. Por ello mismo, el trasvase de agua para uso humano a otras zonas no sujetas a este mercado es, sencillamente, aberrante. El mercado podría abarcar más de una cuenca pero tendría que ser en igualdad de condiciones, debiéndose pagar por parte de los interesados las infraestructuras de un hipotético trasvase.
Desde luego, un apartado especial lo marcan las relaciones entre cuencas. Actualmente, las políticas trasvasísticas no tienen en cuenta un valor para el agua, ya hemos establecido que el modelo que vehicula actualmente esa regla de gratuidad del agua es perverso. Porque el agua ahora no es realmente gratuita para las personas, sino para las viviendas. Es un contador de consumo humano el que garantiza la gratuidad, al margen de cuanta gente viva en esa casa o el gasto por persona que tenga, y embarcando en la misma consideración el agua de boca y la del resort hotelero.
Es por eso que tenemos un grave problema con el trasvase. Esas obras hidráulicas las paga el estado y no los que van a sacar beneficio de ellas, siendo entonces ésta una forma indirecta de subvención a determinados sectores de determinadas regiones, los que, como además ya se están imponiendo políticas nacionalistas de apropiación de los impuestos de vender los productos, así subvencionados, en toda España, no producirán un retorno a la nación de impuesto cotizado por alguien ajeno territorialmente a la cuenca.
Si para los agentes productores de bienes que usan el agua como materia prima, no resultase rentable asumir el coste de las infraestructuras que les proporcionasen ésta, la asunción por parte de la administración de ese coste no es mas que una subvención directa pura y dura. Nos costaría menos sufragarles directamente esa riqueza y liberar el recurso para que otros generasen un valor, que sí fuese rentable, con ella.
Como no existe una relación entre valor y precio del agua, como la vivienda, la construcción, pueden gozar de agua gratuita, como en definitiva no se puede negociar con algo que no es de todos ni nadie, es cuando podemos ver cómo poderes locales pugnan por depredar lo común. Ahí está la verdadera injusticia.
En quinto lugar una consideración sobre el caudal ecológico; y es que no sólo tendría que tener en cuenta un volumen de agua mínimo para los recursos ecológicos de una cuenca (parques naturales, albuferas, deltas etc.) sino también el mar de destino.
Por ello, a futuro, este mercado del agua habría que extenderlo, por ejemplo, a todas las poblaciones ribereñas del Mediterráneo, y gestionar la cuota de agua dulce que cada nación tiene derecho a desalar o de caudales de río a retener. Porque a base de desaladoras el norte de África podría ser un vergel, a costa de que el Mediterráneo quedara como el Mar Muerto. Y me refiero al Mediterráneo pero habría que sectorizar ecológicamente en adriático, Éfeso etc., y esto es válido también para Cantábrico, Golfo de México, etc.
En ese mercado panmediterráneo del agua es donde la reforestación tendrá sentido como una obra hidráulica más. Por ello incluyo la masa vegetal como un factor positivo para la distribución del capital conseguido por la venta del agua. Es por ello, que es el capitalismo, el mercado, el camino que realmente lleva a conservar el medio y a traer calidad de vida. El socialismo nos lleva al Mar de Aral.
El Mediterráneo se salobriza igual por un trasvase que por una desaladora. Da igual que le llegue menos agua dulce que que se desale agua de mar. En cuanto se crea la demanda, el Mediterráneo sufre las consecuencias igual. En un caso la salobrización es puntual (zona marítima del emisario) y en el otro se pierde caudal en el delta que es un ecosistema más rico y sensible. Hoy día sólo los necios tienen ahí el debate.
El agua es un bien. Los bienes los hombres los utilizamos para generar riqueza. La mejor herramienta para ello, como siempre, es el mercado.
