Ley de lenguas,bocas o estómagos

PSOE y PAR no acaban de ponerse de acuerdo con el texto de la largamente anunciada ley de lenguas
Voy a ser malpensado, pero me temo que no se trata de discusiones acerca de la garantía de que dicha ley no esté por encima de derechos fundamentales como la educación, la sanidad o la justicia. Más bien pareciese que la pugna fuera por delimitar que comarcas entran dentro de uno u otro color. Por lo menos, los aragoneses sabremos por fin para qué nos metimos en el lío de la dichosa comarcalización. (Hago un inciso para hacer notar que mi versión de procesador de textos no reconoce la palabra comarcalización, he de agregarla al diccionario, si quiero que no se extrañe cada vez que la escriba)

Tal quedará el mapa aragonés con una boina y una capa, mostrando áreas en las que el Catalán y el Aragonés serán, desgraciadamente, algo más que ley. Sólo que ni el Catalán es Catalán ni el Aragonés, Aragonés. Y es que aragonesas son todas las hablas que se pronuncian en nuestra tierra, y que además, no son pocas, Español, Ansotano, Fragatino, Rumano, Árabe… nunca un nombre para denominar una lengua fue tan falaz. Puedo admitir Fablas, o Hablas Altoaragonesas, pero Aragonés es una denominación tan peregrina como que ahora, los alemanes, invocando a los bárbaros que desalojaron a Roma, diesen en llamar Europeo al Alemán.

Otra cosa que tendrá la ley es que desaparecerá la denominación en plural. Se acabaron el Cheso, Batués y Ansotano, bienvenida la Fabla. Se acabaron el Fragatino, el Maellano, etc. loas al Catalán, (que algunos compañeros de partido me piden que denomine como Pompeués) y que aquí, algunos indocumentados, quieren dejar también en singular (por las mismas razones pero bajo distinta boina) con la folclórica denominación de Chapurreau.

Es francamente curioso que, desde posiciones progresistas, se aliente una ley con un espíritu, en origen, tan profundamente reaccionario. Porque si buscamos una razón social, ¿Qué impide a las comunidades rumanas, marroquíes o polacas su inclusión en la ley? Porque son unos cuantos (bastantes más que hablantes de las Fablas, por cierto) y seguro que ellos sí tienen problemas de entendimiento cuando van al Ayuntamiento o a un juzgado.

Del otro lado, dicen que se trata de una medida para conservar el patrimonio, pero, también es patrimonio La Seo o el monasterio de San Juan de la Peña, y no habría de aprender la planta en Hallenkirche de una o saber encuadrar en el románico mozárabe al otro para que me dieran trabajo, y peor aún, que mis hijos debieran supeditar el conocimiento de las matemáticas, y por tanto, el cálculo de la hipoteca que regirá sus vidas, a que puedan leer con claridad sus cuadernos a través de unas lentes hechas con los cristales de colores de las vidrieras de la catedral de Jaca.

No, el proyecto detrás de la ley de lenguas, (y de barbas ajenas podemos aprender), es algo más que recuperación del patrimonio; asimilará la lengua a la ideología, como si por hablar en Catalán uno dejase de ser corrupto, o reaccionario, como si por hablar Español uno fuese un facha caduco.

La sociedad aragonesa va a tener, en los próximos años, que recordar la lección ya dada en Europa de qué es lo que pasa cuando Nacionalismo y Socialismo se unen en sacrílego matrimonio.

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