Carta a un ciudadano
Estimado convecino:*
Vivimos tiempos de cambio, y queremos, con estas líneas, hacerte partícipe de una madurada reflexión:
Hemos llegado a un punto, en nuestro país, en el que es necesario pararse un momento y mirar a nuestro alrededor. No es sencillo, cuando los dos grupos mayoritarios nos espolean a participar en su guerra. Las consecuencias de la victoria de su contrario son siempre dramáticas y todos buscan y propician un ambiente de miedo y amenaza constante. No son estrategias novedosas ni somos la única nación que las padece.
Pero pasa que ese ambiente nos distrae de la realidad: Estamos volviendo a un esquema en el que unos pocos controlan la justicia, los medios de comunicación, la fiscalidad, la policía. Volvemos a una mesa-camilla donde el alcalde, el juez, el guardia y el cura son todopoderosos. Cabezas de rata de su región antes que cola del gato. El progresivo vaciado del poder común y su concentración en los poderes locales nos lleva a modelos conocidos y recurrentes en España: El Caciquismo y los Reinos de Taifas.
Es entonces que se hace comprensiva la actuación de la derecha ``española``, en Galicia, en Valencia, en las Baleares, en Andalucía. Promoviendo, apoyando e incluso aplaudiendo estatutos y políticas calcadas a otras que luego tacha, hipócritamente, de ilegales. Es entonces cuando desaparece la incongruencia entre el discurso de sus barones regionales y sus líderes nacionales. Es entonces cuando el nacionalismo y el regionalismo de derechas (valga la redundancia) se hacen plenamente coherentes.
Ante ella, una izquierda de la estética, que retuerce de nuevo los mismos argumentos de hace 30 años, buscando ofender a esa España reaccionaria, a esa Iglesia caduca y conseguir, en su indignación, por oposición, aparentar una legitimidad que no sustituye la que la honestidad y las ideas nuevas otorgan.
…Mientras, es la autora de las más duras legislaciones en materia laboral, y las peores políticas en empleo. Mientras, el fracaso del modelo educativo por ella impuesto genera una ahogada frustración entre los más desfavorecidos. Mientras, es cómplice de empresarios que trocan a los obreros en autónomos, y los dejan fuera del ámbito de unos sindicatos dinosáuricos, gubernamentales y en extinción. Mientras, es cómplice de intereses que propician el descontrol de la inmigración aún a costa de los inmigrantes. Mientras, los más graves errores en la lucha contra el fascismo terrorista vienen de su mano. Mientras, es agente de estatutos que rompen los mecanismos fiscales de la solidaridad, los legales de la igualdad y los legítimos de la libertad.
Por otro lado, el nacionalismo sigue sometiendonos a un discurso falaz sustentado en dos ideas clave:
La primera es que, como territorio, ``Damos más de lo que recibimos``. Ese argumento no se sostiene cuando se analizan los datos con un poco de cuidado: en las regiones se recauda no sólo lo que sus ciudadanos cotizan, sino además lo que las empresas que en ellas tengan su sede. Así, un ciudadano que compre un producto hecho en otra región paga un IVA, por ejemplo, que sólo verá devuelto como inversión o servicio público cercano si la empresa que le vendió ese producto cotiza su IVA a la caja general y ésta lo redistribuye justa y racionalmente. Por ello decimos que no tributan los territorios, sino las personas.
Si salen adelante las diferentes agencias fiscales, o si se extiende el modelo del cupo, muy posiblemente impuestos que se paguen en regiones deficitarias de industria, jamás repercutirán de vuelta en ellas, agravando las desigualdades. Su modelo secesionista aspira a una mayor cuota o la totalidad de lo que recaudan, aunque lo hayan cotizado ``extranjeros en tierras extrañas``.
La segunda, como conclusión de la primera, proclama que (por razones a veces demasiado siniestras de reproducir, como la cultura o la raza) el resto de los españoles son menos trabajadores y, simplemente, les parasitan. Pero ¿Son ellos mejores o simplemente acogen a más mejores? La asimetría de la inversión y la movilidad en España han creado regiones más y menos prósperas. Pero sin lugar a dudas la propia naturaleza de los ciudadanos de España, como la de todas las personas, es igual. En derechos y en deberes.
¿Están los partidos mayoritarios realmente en lucha entre sí o lo están contra nosotros? ¿Sirven a todos los ciudadanos o a las mismas minorías? ¿Podemos estar a favor de que, pagando los mismos impuestos por el mismo trabajo, los ciudadanos tengan peores servicios en función de su padrón? ¿Podemos consentir que, encima, esas castas minoritarias gestionen como propios impuestos de ciudadanos de regiones más pobres?
No desde un planteamiento progresista. Ni liberal. Ni socialista. Ni democrático.
Creemos, por tanto, que ya nadie se puede decir, simultáneamente, nacionalista y de izquierdas, sin engañarse o buscar el engaño.
Creemos que ya es hora de darle una oportunidad real a la libertad y al centro-izquierda en España.
R.L.M. SAA-C`s MMVIII
* El presente texto forma parte de un tríptico para buzonear
Vivimos tiempos de cambio, y queremos, con estas líneas, hacerte partícipe de una madurada reflexión:
Hemos llegado a un punto, en nuestro país, en el que es necesario pararse un momento y mirar a nuestro alrededor. No es sencillo, cuando los dos grupos mayoritarios nos espolean a participar en su guerra. Las consecuencias de la victoria de su contrario son siempre dramáticas y todos buscan y propician un ambiente de miedo y amenaza constante. No son estrategias novedosas ni somos la única nación que las padece.
Pero pasa que ese ambiente nos distrae de la realidad: Estamos volviendo a un esquema en el que unos pocos controlan la justicia, los medios de comunicación, la fiscalidad, la policía. Volvemos a una mesa-camilla donde el alcalde, el juez, el guardia y el cura son todopoderosos. Cabezas de rata de su región antes que cola del gato. El progresivo vaciado del poder común y su concentración en los poderes locales nos lleva a modelos conocidos y recurrentes en España: El Caciquismo y los Reinos de Taifas.
Es entonces que se hace comprensiva la actuación de la derecha ``española``, en Galicia, en Valencia, en las Baleares, en Andalucía. Promoviendo, apoyando e incluso aplaudiendo estatutos y políticas calcadas a otras que luego tacha, hipócritamente, de ilegales. Es entonces cuando desaparece la incongruencia entre el discurso de sus barones regionales y sus líderes nacionales. Es entonces cuando el nacionalismo y el regionalismo de derechas (valga la redundancia) se hacen plenamente coherentes.
Ante ella, una izquierda de la estética, que retuerce de nuevo los mismos argumentos de hace 30 años, buscando ofender a esa España reaccionaria, a esa Iglesia caduca y conseguir, en su indignación, por oposición, aparentar una legitimidad que no sustituye la que la honestidad y las ideas nuevas otorgan.
…Mientras, es la autora de las más duras legislaciones en materia laboral, y las peores políticas en empleo. Mientras, el fracaso del modelo educativo por ella impuesto genera una ahogada frustración entre los más desfavorecidos. Mientras, es cómplice de empresarios que trocan a los obreros en autónomos, y los dejan fuera del ámbito de unos sindicatos dinosáuricos, gubernamentales y en extinción. Mientras, es cómplice de intereses que propician el descontrol de la inmigración aún a costa de los inmigrantes. Mientras, los más graves errores en la lucha contra el fascismo terrorista vienen de su mano. Mientras, es agente de estatutos que rompen los mecanismos fiscales de la solidaridad, los legales de la igualdad y los legítimos de la libertad.
Por otro lado, el nacionalismo sigue sometiendonos a un discurso falaz sustentado en dos ideas clave:
La primera es que, como territorio, ``Damos más de lo que recibimos``. Ese argumento no se sostiene cuando se analizan los datos con un poco de cuidado: en las regiones se recauda no sólo lo que sus ciudadanos cotizan, sino además lo que las empresas que en ellas tengan su sede. Así, un ciudadano que compre un producto hecho en otra región paga un IVA, por ejemplo, que sólo verá devuelto como inversión o servicio público cercano si la empresa que le vendió ese producto cotiza su IVA a la caja general y ésta lo redistribuye justa y racionalmente. Por ello decimos que no tributan los territorios, sino las personas.
Si salen adelante las diferentes agencias fiscales, o si se extiende el modelo del cupo, muy posiblemente impuestos que se paguen en regiones deficitarias de industria, jamás repercutirán de vuelta en ellas, agravando las desigualdades. Su modelo secesionista aspira a una mayor cuota o la totalidad de lo que recaudan, aunque lo hayan cotizado ``extranjeros en tierras extrañas``.
La segunda, como conclusión de la primera, proclama que (por razones a veces demasiado siniestras de reproducir, como la cultura o la raza) el resto de los españoles son menos trabajadores y, simplemente, les parasitan. Pero ¿Son ellos mejores o simplemente acogen a más mejores? La asimetría de la inversión y la movilidad en España han creado regiones más y menos prósperas. Pero sin lugar a dudas la propia naturaleza de los ciudadanos de España, como la de todas las personas, es igual. En derechos y en deberes.
¿Están los partidos mayoritarios realmente en lucha entre sí o lo están contra nosotros? ¿Sirven a todos los ciudadanos o a las mismas minorías? ¿Podemos estar a favor de que, pagando los mismos impuestos por el mismo trabajo, los ciudadanos tengan peores servicios en función de su padrón? ¿Podemos consentir que, encima, esas castas minoritarias gestionen como propios impuestos de ciudadanos de regiones más pobres?
No desde un planteamiento progresista. Ni liberal. Ni socialista. Ni democrático.
Creemos, por tanto, que ya nadie se puede decir, simultáneamente, nacionalista y de izquierdas, sin engañarse o buscar el engaño.
Creemos que ya es hora de darle una oportunidad real a la libertad y al centro-izquierda en España.
R.L.M. SAA-C`s MMVIII
* El presente texto forma parte de un tríptico para buzonear